Pocos cuidan al que los cuida

La paradoja del valor: 

Cuidar millones desde el abandono... 


Existe un cortocircuito lógico en la mente de muchos contratantes. Se delega la responsabilidad de proteger vidas, infraestructuras y bienes de altísimo valor económico en una persona a la que simultáneamente se le niega la dignidad humana más básica en su entorno diario.

La contradicción del control: 

Muchos Clientes exigen a las empresas un profesional alerta, con capacidad de reacción, pulcro y con los sentidos agudos durante jornadas de 8 o 12 horas. 

Sin embargo, lo confinan a una garita donde no puede mover las piernas, cena o almuerza sentado en una silla rota atada con precintos y en ocasiones, sin acceso a un sanitario. 

La deshumanización del rol: Para muchos clientes, el puesto de seguridad es visto como un "gasto estructural" o un simple requisito de seguro, y no como un área habitada por personas. 

Si un cliente ve una máquina fallando en su planta, la arregla, si ve la silla del vigilador atada con alambre, mira para otro lado. La comodidad de la "tercerización" como escudo moral 

La tercerización del servicio de seguridad funciona muchas veces como un mecanismo de deslinde de responsabilidad ética para el cliente: "Yo le pago a la empresa de seguridad una factura mensual, cómo tengan a su personal es un problema entre el sindicato, la empresa y el trabajador."

Este argumento es una falacia en la práctica. Si bien la relación laboral legal es con la agencia de seguridad, la calidad de vida inmediata del vigilador depende del entorno que el cliente provee o autoriza. El impacto en la seguridad real Esta falta de valoración no solo es un problema humano, sino un pésimo negocio estratégico para el propio cliente. 

Falta de reciprocidad: Es muy difícil exigir un compromiso extremo y un sentido de pertenencia con el cuidado de un lugar que te demuestra, minuto a minuto, que tu comodidad y tu salud no valen ni el costo de una silla sana o un baño. Fatiga y Vulnerabilidad: Un vigilador sometido a condiciones extremas de frío, calor o incomodidad física inevitablemente sufrirá de fatiga cognitiva y desgaste corporal. 

Un puesto descuidado genera, indefectiblemente, una seguridad vulnerable.

El verdadero cambio en el rubro no vendrá solo de las normativas o de las inspecciones a las empresas de seguridad, comenzará el día en que los clientes entiendan que el bienestar de quien cuida sus bienes es el reflejo directo del valor que le dan a sus propios bienes. 

Cuidar al que cuida es la base de cualquier estrategia de seguridad seria.


Diego Eslar - Vigiladores.Net